jueves, 2 de agosto de 2012


Violencia de género: Maltratos a puerta cerrada. Reportaje de Alicia De La Rosa

Para escapar del ciclo de la violencia doméstica no basta denunciar. Es necesaria la ayuda psicológica y médica para prevenir reincidencias y enfermedades que puedan comprometer la vida


EL UNIVERSAL martes 8 de mayo de 2012
Elena González jamás imaginó que la celebración de su décimo aniversario de casada terminaría siendo el peor día de su vida. Se maquilló, se puso su mejor vestido y arregló su cabello pero, al llegar su esposo, el menosprecio no se hizo esperar: “¿Estamos en carnaval?”, fue lo primero que asomó a decir. Preguntó si la cena estaba lista y ella, con temor, contestó que no.
Comenzó una discusión acalorada. Elena corrió a protegerse en un rincón de la casa pero la ira ganó la partida. Al día siguiente, desconcertada por la situación, adolorida por un puñetazo en la costilla, con la boca y los ojos morados, levantó el teléfono, denunció y solicitó ayuda.
Como Elena González hay miles de casos en el país, y en todo el mundo, de violencia doméstica. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “una quinta parte de las mujeres en el mundo es objeto de violencia en alguna etapa de su vida y, como consecuencia de ello, presentan altos índices de discapacidad, tienen dos veces más intentos de suicidio y altas tasas de mortalidad en comparación con la población que no la padece”.
Ofelia Álvarez Cardier, psicóloga, profesora de la cátedra de psicología social en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y directora de Fundamujer (Fundación para la Prevención de la Violencia Doméstica hacia la Mujer), define la violencia como “el uso deliberado de la fuerza para controlar o manipular a la pareja. Se trata del abuso psicológico, sexual o físico habitual entre personas relacionadas afectivamente”.
Resalta la docente que el maltrato entre parejas presenta un ciclo de tres fases: “Una de tensión donde predominan las discusiones acaloradas y las actitudes violentas como arrojar objetos y romper cosas; una fase aguda de violencia, donde la histeria, el abuso y los golpes son la premisa y una fase de calma temporal que los psicólogos solemos llamar de luna de miel o arrepentimiento, caracterizada por el perdón, las muestras de cariño y donde el agresor promete a la pareja cambiar en el futuro”.
Según las investigaciones realizadas por la directora de Fundamujer, el proceso de las agresiones se inicia en el noviazgo. “Es en esa etapa donde se dan las primeras burlas, ofensas y hasta la primera cachetada. Cuando la relación llega a la formalidad, ya casados, dejando pasar los abusos, comienza un proceso cíclico que lleva en escalada a la violencia doméstica”.
La violencia de género es una situación compleja que no se resuelve de manera inmediata pues “está marcada por las relaciones de poder entre ambos sexos y depende de la evolución cultural de las distintas sociedades, por lo cual constituye un problema que debe ser atendido de manera integral”.
“Lo primordial es romper con ese ciclo de violencia. ¿Cómo logra una mujer salir de ese proceso? Reflexionando sobre la situación de la cual está siendo víctima, tener el valor de denunciar y buscar la ayuda necesaria para salir del ciclo, tres elementos que requieren de valentía”.
La psicóloga social sostiene que en muchos casos la mujer abusada se vuelve codependiente de su pareja, ya sea por miedo a perder su seguridad económica y la de sus hijos (suele suceder con las personas que no tienen una educación formal) o por los valores familiares y religiosos que obligan a continuar una relación por el bien de los hijos, para evitar el cuestionamiento social, entre otros aspectos.
“La mujer repetidamente abusada se destruye psicológicamente, pierde su identidad individual, lo que la incapacita para tomar decisiones correctas, cae en ambivalencias afectivas y su autoestima queda en el suelo. Este estrés emocional producido por las tensiones del maltrato hace a la mujer más vulnerable para sufrir enfermedades”.
Álvarez Cardier asevera que estas pacientes también pueden “sufrir de los nervios y de insomnio por estar alerta ante cualquier agresión; de arritmia, que puede desencadenar en problemas cardiovasculares y son propensas a problemas estomacales porque no comen bien. Es una mujer que se está desgastando no sólo moral sino físicamente”.
VULNERABLES EN TODO
La doctora Magaly Tovar, especialista en Ginecología y Obstetricia, corrobora la tesis: La mujer sometida a una coacción continúa puede desarrollar enfermedades que comprometan su vida. “Todas las mujeres estamos propensas a sufrir enfermedades como cáncer, cardiovasculares, infecciosas, pero cuando están sometidas a niveles muy altos de estrés emocional son más vulnerables aún”.
“En el caso de una mujer que tenga más de cinco años siendo víctima de violencia, hay un cuadro depresivo severo y por consecuencia comienzan síntomas como trastornos hormonales y bajos niveles de glóbulos blancos que son las defensas, anticuerpos que combaten cualquier organismo que invade el cuerpo y eso puede desencadenar en una patología más grave”.
Tovar explica que estas pacientes víctimas de violencia, tienden “a ocultar y negar síntomas”, no sólo por las características de la depresión que sufren sino para “no llamar la atención” sobre el verdadero problema en sus relaciones de pareja. “Puede temer que si pide ayuda se descubra su situación, con el consiguiente riesgo hacia sí misma, ya que simplemente pedir ayuda a un médico puede desencadenar más violencia o también romper una relación con la que, desde el principio de los episodios de maltrato, se sienten profundamente vinculadas”.
Considera importante que este tipo de pacientes no sólo acuda a denunciar y pedir ayuda psicológica sino también realizarse un chequeo médico que permita detectar a tiempo enfermedades graves. “Un cáncer de seno o cérvico uterino, que son patologías que se pueden detectar a tiempo y curar, en una persona con depresión que no tiene disposición a recibir ayuda pueden llegar a ser fatales. Por eso es obligatorio un tratamiento integral en este tipo de pacientes”.
opinión.
La mujer merece el mejor trato posible, son personas que aguantan todo el peso del mundo por sus familias y merecen un esposo que las ame y las trate de una forma respetuoso, sin golpes ni abusos psicológicos, que dañen la estabilidad emocional de las mujeres dentro de el, ayudarlas a crecer como personas en todo aspecto para que el día de mañana puedan sentirse orgullosas de ser un ejemplo para otras mujeres.
entrevistas sobre el maltrato hacia la mujer:
vídeos sobre maltrato ala mujer:
vídeos sobre ayuda o concejos:
adelarosa@eluniversal.com